Un espacio en el que recolectaré mis historias, pensamientos e inconformidades. Un refugio para esos instantes donde las críticas me dominan, la alegría me hace volar a un lugar que aun trato de describir, circunstancias donde las quejas por lo mío me aprisionan, momentos en los tiemblo por las altas y bajas de mi país, esos que me dejan con un nudo en la garganta que trataré de trasladar a la palabra.

En el imaginario de cada venezolano debe existir una Venezuela ideal, una imagen tan perfecta como irrealizable. Y es que cada uno de los miles de habitantes de esta nación posee características, valores, metas de vida e intereses que hacen que el croquis de su “país de ensueño” sea muy distinto del de otro compatriota.
Quizás para un maracucho, el país ideal deba tener como plato típico el patacón y como música tradicional la gaita; pero, posiblemente, un caraqueño no se sentirá cómodo en un país con estas particularidades. Es probable que, para la clase baja, ese país que tanto anhela deba brindarle la posibilidad de cubrir al menos sus necesidades básicas; mientras que los más grandes deseos de la clase alta estén enfocados en el aumento de los cupos de CADIVI o la reducción de las cuotas de la matrícula universitaria.
Es así como los diversos intereses de los venezolanos a veces pueden ser irreconciliables. Por estas razones, quienes ansíen gobernar a la pequeña Venecia deben saber que siempre estará latente la posibilidad de fracaso e insatisfacción a la hora de instaurar lo que consideran un “país ideal”. La solución no está en votar, elegir o establecer un país sacado de un cuento, sino en trabajar en conjunto para que cada uno pueda ver su nación como un espacio para la realización de su propio sueño.
Venezuela se encuentra constituida por un sinfín de culturas y en ocasiones pareciera que lo único que une a sus nativos es el idioma castellano. Sin embargo, esto no debe impedir que se establezcan características mínimas de lo que debe ser un lugar ameno para la vida y la realización individual. Sin caer en utopías.

En tres colores puedo definir tu recuerdo. De blanco te recibí. Te entregaba un corazón virgen en cuestiones del amor, sin ninguna experiencia que me hiciera ni remotamente compararte. Eras el primero, el único, eras tú aquel hombre por el cual lloraría por primera vez, el que con una sonrisa abriría camino a la primera reconciliación.
De blanco pasaste a rojo, cuando los labios mojados no bastaron y el uso de tu lengua me llevó a la perdición. Y allí fue cuando tus manos bajaron, del cuello comenzaste a llegar a mi pecho y ya después de allí perdí la razón. Comencé a despertar a tu lado y confundir mis gemidos con los tuyos. Fue así como empecé a usar tu camisa y secarme con tu paño. Las siluetas de ambos comenzaban a dibujarse a diario en cualquier lugar que gozara de sólo tres requisitos: publico, arriesgado y novedoso.
Y el rojo se mantuvo y sin darme cuenta se volvió muy oscuro, tanto que juraría que era negro. Te perdiste en medio de lo sombrío, empezaste a significar una imagen borrosa, distorsionada, quizás en escalas de grises pero jamás te volví a ver a color. Y así fue como te vi y te sentí. Sin entrar en detalles, en tres colores te tuve y te perdí.

Creo que hizo bien a la terapia permanecer en estado de emergencia sin ti.
Sí, eso creo. Creo que hizo bien no verte más o por lo menos verte en fotos circunstanciales, saber de ti por inercia, por los amigos en común que nos quedaron. Porque sólo nos quedaron en común ellos y el dolor. Quizás también otras cosas que solamente puedo aceptar en estado de extrema debilidad.
Creo que hizo bien a la terapia sufrir cada uno por su lado, vivir en duelo por un tiempo y encontrar nuestro propio camino. Digo creo porque nunca he estado segura de nada. He sido incrédula ante todo, incluso ante tu olvido. Pero, confieso que es sanador dar todo por muerto, dar todo por concluido.
Creo que hizo bien a la terapia probar otros labios, basar canciones en otras personas, sentir el calor de otro cuerpo. Creo que el olvido no es para mí la palabra que justifique tu fantasmagórica ausencia. Es que eso siempre serás: un fantasma, quizás ahora de los buenos, de esos que me persiguen para que recuerde mis errores contigo y no los cometa con otro.
Creo que hizo bien a la terapia esperar a que me volvieras hablar, que dejaras de odiarme o hacerme creer eso. Creo que hizo bien tratar de entender que solo éramos víctimas de un estado infinito de convulsión, entender que estábamos agonizando. Creo que hizo bien llorarte en silencio y no hacerte partícipe de mi sufrimiento, por lo menos no en un mismo tiempo y espacio.
La mayor preocupación está en la falta de políticas de prevención para que los jóvenes no violen la ley. Uno de los objetivos es mitigar la violencia como forma de vida
El día de ayer, la Escuela de Comunicación Social (ECS) de la Universidad Central de Venezuela (UCV) abrió sus puertas a la Vicepresidenta de la Asociación Civil Voces Latentes y actual Coordinadora del Área y Formación de Proyectos del Núcleo Endógeno Tiuna Fuerte, Lorena Freitez, quien en rueda de prensa dio a conocer los detalles del foro “Malandros: Identidad, poder y Seguridad” a realizarse el próximo viernes 30 de abril a las 3:00 pm, en los espacios del Núcleo Cultural Tiuna El Fuerte, en El Valle, sector Longaray, Caracas.
Informó que el foro abordará temas como la exclusión social en los jóvenes infractores, las identidades transgresoras en contextos depauperados y las políticas de seguridad. La Psicóloga Social, Freitez, resaltó que el foro ha sido organizado por el grupo de investigaciones “Juventudes Otras”, la Asociación Civil Red de la Calle y las dos organizaciones que ella representa.
Desde 2007, Voces Latentes y Tiuna Fuerte trabajan de forma conjunta brindando herramientas socioculturales a jóvenes entre 12 y 20 años siendo uno de sus proyectos el laboratorio de artes urbanas, donde se desarrollan talleres de formación en diferentes expresiones de la cultura urbana. “Lo que buscamos es un enfoque alternativo, que mire en estos jóvenes potencialidad, herramientas de transformación social en sus comunidades y que se permita mitigar la violencia como un modo de vida”, resaltó como uno de los objetivos de esta alianza.
Además, destacó que cuentan con el apoyo de la Embajada Canadiense, Fundación Gran Mariscal de Ayacucho y con alcaldías. Sin embargo, Lorena Freitez considera que las relaciones con esta última instancia son lentas y negociadas. Además de esto, se aclaró que ni Voces Latentes ni Tiuna Fuerte trabajan con jóvenes en situación de calle, ya que requieren otro tipo de abordaje.
Se espera que la convocatoria cuente con la participación de académicos, miembros de diversos centros de investigaciones populares, familiares y jóvenes trasgresores beneficiarios de este proyecto.